Los chiquillos vuelven a jugar en el jardín, ahora bien
protegido, y sus padres disfrutan, así confiados,
de lo que más les gusta.
Unos conversan en el acogedor jardín.
Algunos, leen o pasean. Otros, aún, preparan alguna
de las salidas que desde aquí pueden hacerse.
La ruta del románico, en Beuda tan bien
surtida y con tanto renombre, tiene mucho éxito.